Las tecnologias han tenido grandes avances en las últimas dos décadas. No sólo a nivel producción sino también a nivel social.
Es inevitable que estos cambios conlleven a un impacto en la cultura tanto a nivel difusión, producción y creación, considerando el incremento en el acceso y la participación dentro de las redes sociales que tantos usuarios han captado.
Hoy, cualquiera puede crear y transmitir sus producciones a quienes conforman parte de su mismo circuito online, lo cual sin duda hace que se ponga en juego la definición de cultura tal como la percibimos hasta hace poco.

Los espectáculos, tanto los de circuito oficial como alternativo, han ido integrando nuevas propuestas de interacción con su público. Así también ha llegado a utilizar redes sociales para unificar públicos, dentro de estrategias de promoción y comunicación de marketing digital.
Desde el cine, a la música, a la danza y el teatro, como también las artes plásticas, tanto artistas particulares como diversas instituciones del ámbito cultural se han ido apropiando de las herramientas digitales para optimizar su difusión y llegar a su público, integrandolo a sus propuestas.

Sin embargo, el desarrollo de estas herramientas y redes sociales “gratuitas” para su uso, mantienen oculto su programación y funcionamiento. Técnicamente hablando acceder al código de Facebook o de Google para considerarlo dentro de una campaña de difusión y promoción cultural, es imposible.
Pero la pregunta es ¿Porqué nos interesaria siquiera acceder al código de software o redes sociales que nos ofrecen sus servicios supustamente gratuitos?
Porque el funcionamiento de los mismos permiten que determinado contenido se difunda o no.

Simplemente, cada algoritmo que implementan y su perfeccionamiento a nivel técnico nos impacta también como productores y gestores culturales, como artistas.
Si bien en un momento se habló de algoritmos que buscaban páginas actualizadas, interacciones y muchos más parametros de usabilidad, hoy los mismos tienen un nivel mayor de complejidad y de díficil acceso.

¿Cómo podremos preservar nuestra cultura y las producciones alternativas que muchas veces tienen la facilidad de utilizar las redes, pero no tienen la posibilidad de permanecer ni generar actualizaciones necesarias para mantenerse activos en el algoritmo censurador de los software?

Es un desafío no caer en el sector de producción inactiva ante el sistema de spam actual donde toda publicidad se nos inyecta como latas de cultura basura o peor aún, por estategia definidas con un contenido orientado a intereses que nos lleven a un estancamiento del intercambio cultural.

Replantear activamente nuevos repositorios de preservación del arte y la cultura se han hecho fundamentales en el debate actual, para huir de las especulaciones del algoritmo que busca segmentar cada vez más en un sistema de economía de datos.